sábado, 28 de agosto de 2010
viernes, 20 de agosto de 2010
[VI]
Me encuentro a la deriva, investido en tormentos de confusión.
Uso todas mis fuerzas para no romper en llanto y desamparo,
mas el tiempo se hace eterno y no creo poder contenerme,
pues no puedo comprender tan magna y despiadada indiferencia.
Está más allá de mi entendimiento, de mi comprensión y lógica;
y es que es el fruto del egoísmo y el miedo a no atreverse a más.
Mundo mediocre, personas mediocres, cobardes y débiles;
maleables en función de las banalidades que les da la vida.
No sois capaces de enfrentar vuestros entuertos y desventuras;
todo lo relegáis al azar, al destino o a un Dios que no conocéis.
Otros aún más imberbes, creen que deseando las cosas,
ocurrirán de manera espontánea, como por arte de magia.
Y bien, ¿qué podéis decir en favor de vuestra defensa?
Absolutamente nada. Sólo esbozaréis o bien murmuraréis,
como siempre habéis hecho, una serie de excusas acéfalas,
carentes de sentido y que sólo vosotros las creéis.
No sé si sentir lástima, sarcasmo o vergüenza ajena.
No sé si reír, llorar o refregaros en el rostro vuestra deshonra.
¿Serviría, acaso, de algo? No lo creo, pues no tenéis la voluntad
ni el afán de salir del yugo del vetusto "peso de la noche".
Siempre optáis por lo más fácil. No conocéis la osadía.
Y no existe en vuestros corazones, la intención de hacerlo.
Mientras todo llegue de manera fácil y con el mínimo esfuerzo,
no será necesario moverse, luchar o llorar. Es más sencillo.
Indignos. Fútiles. Pusilánimes. Vamos, id a esconderos,
id abajo de vuestras camas a esperar que todo pase rápido.
Saldréis indemnes, sin un rasguño ni marca física visible.
Mas viviréis el resto de sus días bajo el acero de la ignominia.
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