domingo, 18 de julio de 2010

[V]

Me ahogo en un tibio mar de llamas furibundas,
arrastrado por corrientes muertas pero eternas.
Y por más que ardo hasta el tuétano de mi alma,
las cadenas de tu mirada ralentizan mi extinción.

Díganme entonces ¿cómo hago para dominar el fuego?
pues por más que conflagro para dominar su fervor,
pareciera que él lo hace conmigo, carbonizándome,
calcinando mi volición, mi decisión y disposición.

Las llamaradas me abrazan y abrasan violentamente,
danzando incansables, despiadadas e inmortales
sobre mis huesos, al son de una melodía sempiterna,
que me envuelve en una fiebre demente e interminable

Y así, sonriendo, confirmo la peor de mis sospechas:
he de arder por eones, hasta el otoño de los tiempos,
rostizándome hasta que sus lentas arenas dejen de caer,
y así soñar despierto esta ardiente agonía color carmesí…

¡Apagaros entonces, astro rey! ¡Apagaros y duerme sin fin!
pues el mismo castigo que con sarcasmo me habéis otorgado,
ahora me condena a no cerrar mis ojos a perpetuidad,
a no soñar ni dormir, a convivir por siempre con las flamas.

Y es que así, escaldándome por siempre y sin cesar,
me he hecho inmune y a la vez, adicto a las llamas del infierno,
al calor sofocante, a mi piel chamuscada, carbonizada y lisiada;
al dolor, al sufrimiento y la frustración que antaño me asfixiaron…

jueves, 1 de julio de 2010

[IV]

Hacia allá volamos, navegando cirros y vendavales,
cabalgando sobre las entrañas mismas de la locura;
obsesionados, persiguimos aquella inalcanzable meta,
el edén de mis sueños, el ojo de nuestra tormenta.

Y aunque estemos viviendo bajo la espada de la deshonra
y los férreos grilletes del monótono e insulso día a día,
cuando la voluntad es de acero entonces no hay cadenas,
Ni calabozos ni mazmorras ni prisiones dignas de mi fuerza.

Yo soy nosotros en otra dimensión - en mis dominios -
donde soy tirano, héroe y villano; el oprimido y el opresor.
Es tan simple comprenderlo como difícil explicarlo;
Es tan simple como atreverse a gritar iracundo ¡Quiero despertar!

¡Despertar y bostezar con la libertad que mi corazón pide!
¡Huir de un letargo casi eterno en cronología cósmica!
Así daría rienda suelta a los sentidos y entonces, sentiría,
respiraría, contemplaría, probaría, oiría y por sobre todo, pensaría.

Este es mi mundo, imperfecto, imberbe y díscolo, pero mío;
es el espacio donde puedo destruir y destruirme como me dé la gana,
es un océano donde al sumergirte y ahogarte, disfrutas una cálida agonía,
libre de remordimientos, de preguntas y de fantasmas del pasado.

¿Y que hay de vuestro corazón, tan desprotegido y tan vacilante?
No me cabe la menor duda: Aunque anhelaras la emancipación,
la carencia de braveza y de confianza sólo te cohibiría más,
y contraería aún más tus ataduras, ya no férreas, sino, inmortales.

Así, desde mi nave yo observaré decepcionado - pero en silencio -
cómo el espiral de dejación, flojedad y falta de convicción,
acaba por ejecutarte en una plaza pública, frente a tus iguales:
chusma sin virtud; ciegos, sordos y mudos, al servicio de otro igual.

Y en tu paso de la muerte en vida, a la muerte real,
yo espectaré desde lejos y carcajeando, mas con un nudo en la garganta.
Así me doy cuenta de que somos iguales; no uno mejor que el otro,
Y que tal como me burlé de vuestra modorra, ésta se burló de mí.