miércoles, 1 de diciembre de 2010

Relato "Rudex, el condón para machos"

Rudex, el condón para machos

Hacia el año 2030, Chile se encontraba bajo el control de un Gobierno ultraderechista que, en pos de hacer de nuestro país uno que fuese ejemplo de virtud, había invadido hasta el último rincón de la vida de las personas. Uno de los tantos aspectos supervisados era el de la sexualidad de los individuos y cómo ésta se desarrollaba a lo largo de su existencia.

A fin de controlar no solo la natalidad, sino también, la frecuencia con la que los más jóvenes – y con joven me refiero al espíritu juvenil, no a la edad – vivían su vida sexual, el Gobierno impulsó la producción y el uso obligatorio del nuevo y revolucionario preservativo masculino Rudex, que, a diferencia de su primo elástico y lubricado de látex, estaba construido en base a alambre de púas.

Los más afectados – ninfómanas y donjuanes – fueron remitidos, luego de una manifestación pacífica en la Plaza de la Constitución, a una isla lejana, y no se supo más de ellos. La tensión comenzó a apoderarse progresivamente del país, y la gente era reacia a utilizar el producto. A fin de promover los “beneficios” del profiláctico, el Gobierno promovió el llamativo eslogan “Rudex, el condón para machos”.

Los primeros en manifestar apoyo a las políticas sexuales del Gobierno, fueron los sadomasoquistas que, a esa fecha, conformaban un grupo importante de la sociedad. En consecuencia, la publicidad del preservativo no tardó en aparecer. La más recurrente era la del hombre musculoso, bronceado y con tatuajes de alambre de púas en los bíceps, feliz por la diversión que supuestamente le significaba el uso de Rudex.

No dejaba de ser curioso que un gobierno tan conservador – apegado a las más obsoletas tradiciones – como el de aquel entonces apoyara, impulsara y más tarde, obligara el uso de condones. Históricamente, siempre se opusieron a ellos. La situación era inédita y carente de todo sentido. Sin embargo, el tiempo y los resultados develaron las verdaderas intenciones tras el nacimiento de Rudex, el condón para machos.

Marcos, un joven estudiante de dieciocho años que buscaba, desesperadamente, iniciar su vida sexual, fue uno de los tantos que, por curiosidad, adquirió una caja de cinco unidades del condón. Luego de asistir a una tertulia – las fiestas estaban prohibidas – logró seducir a una señorita que más tarde, llevaría a su alcoba. Tomó uno de los preservativos y se dispuso a leer las instrucciones.

Paso 3 – coger la punta del protector… ¿Dónde demonios está la punta del protector?” la extraña apariencia del Rudex clásico tenía a Marcos totalmente perplejo; si así era el formato clásico, ¿cómo serían los demás?. Las llamas y el frenesí escaldaban el alma del joven, que no aguantó más y optó por desechar la opción del condón. Puso manos a la obra así, sin protección alguna; fue a la guerra sin casco.

Al cabo de unos minutos, comenzó a sonar la alarma que advertía el no-uso de preservativos. Había una cada habitación y cuarto de baño de todo hogar. Algunas cocinas también poseían una. “¡Tiene diez segundos para colocarse el preservativo!”, dijo una voz al otro lado de la puerta. Marcos, asustado, intentó – no sin torpeza – hacer caso de la orden. Los gritos que se oyeron a continuación confirmaron su cumplimiento.

El joven Marcos y su damisela nunca más volvieron a tener relaciones, ni entre ellos ni con nadie. Así, se iba forjando cada día la leyenda “sólo utilizarás uno en tu vida”. Con el pasar del tiempo, los niveles de estrés, depresión, violencia doméstica e infelicidad en general, se dispararon. Y nadie quería aceptar – en especial las autoridades – que se debía a la carencia de vida sexual en la población.

A medida que crecía la popularidad de Rudex, las empresas creaban complementos de similares características: cadenas, látigos, grilletes e incluso – lo más novedoso en este punto – el colaless de alambres de púas. No obstante, esta popularidad era ficticia y mediática, puesto que el descontento general era evidente. Aún así, nadie hacía nada, por temor a seguir el mismo destino que las ninfómanas y donjuanes.

Al cabo de dos años, las muertes por tétanos sobrepasaban el millón de habitantes. Así, se logró la coerción física y biológica de las personas, y el tan ansiado control demográfico. El experimento se repitió en otros países con resultados similares. En el pasado, se consideraba fallas de condón a los embarazos no deseados. Hoy, en el 2032, las fallas de condón bien podrían significar la muerte.

Rudex, el condón para machos [PDF]

He aquí un pequeño relato con el que participé en un concurso universitario (en el que no gané). Las bases de éste fijaban la temática del cuento, que debía tener la figura del condón como eje principal. Y bueno, éste es el resultado.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Teoría del olvido

Un pequeño ensayo acerca del tema del olvido en nuestras vidas. Cómo olvidar v/s cómo superar. Son cosas que todos sabemos, pero que muy pocas veces, llevamos a la práctica. Si usted es de aquellos que sufre usualmente por amor, léalo.

viernes, 8 de octubre de 2010

¿Amor a la patria?

Un segundo ensayo acerca del actual desarrollo político nacional.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Kussarikku

Ésta es mi primera incursión en los relatos de suspenso, como también el primer cuento que escribo en la vida. Espero vuestras críticas

http://www.scribd.com/doc/37514202/Kussarikku



sábado, 28 de agosto de 2010

Coincidencias

Ensayo sobre contexto socio-político actual

viernes, 20 de agosto de 2010

[VI]

Me encuentro a la deriva, investido en tormentos de confusión.
Uso todas mis fuerzas para no romper en llanto y desamparo,
mas el tiempo se hace eterno y no creo poder contenerme,
pues no puedo comprender tan magna y despiadada indiferencia.

Está más allá de mi entendimiento, de mi comprensión y lógica;
y es que es el fruto del egoísmo y el miedo a no atreverse a más.
Mundo mediocre, personas mediocres, cobardes y débiles;
maleables en función de las banalidades que les da la vida.

No sois capaces de enfrentar vuestros entuertos y desventuras;
todo lo relegáis al azar, al destino o a un Dios que no conocéis.
Otros aún más imberbes, creen que deseando las cosas,
ocurrirán de manera espontánea, como por arte de magia.

Y bien, ¿qué podéis decir en favor de vuestra defensa?
Absolutamente nada. Sólo esbozaréis o bien murmuraréis,
como siempre habéis hecho, una serie de excusas acéfalas,
carentes de sentido y que sólo vosotros las creéis.

No sé si sentir lástima, sarcasmo o vergüenza ajena.
No sé si reír, llorar o refregaros en el rostro vuestra deshonra.
¿Serviría, acaso, de algo? No lo creo, pues no tenéis la voluntad
ni el afán de salir del yugo del vetusto "peso de la noche".

Siempre optáis por lo más fácil. No conocéis la osadía.
Y no existe en vuestros corazones, la intención de hacerlo.
Mientras todo llegue de manera fácil y con el mínimo esfuerzo,
no será necesario moverse, luchar o llorar. Es más sencillo.

Indignos. Fútiles. Pusilánimes. Vamos, id a esconderos,
id abajo de vuestras camas a esperar que todo pase rápido.
Saldréis indemnes, sin un rasguño ni marca física visible.
Mas viviréis el resto de sus días bajo el acero de la ignominia.

domingo, 18 de julio de 2010

[V]

Me ahogo en un tibio mar de llamas furibundas,
arrastrado por corrientes muertas pero eternas.
Y por más que ardo hasta el tuétano de mi alma,
las cadenas de tu mirada ralentizan mi extinción.

Díganme entonces ¿cómo hago para dominar el fuego?
pues por más que conflagro para dominar su fervor,
pareciera que él lo hace conmigo, carbonizándome,
calcinando mi volición, mi decisión y disposición.

Las llamaradas me abrazan y abrasan violentamente,
danzando incansables, despiadadas e inmortales
sobre mis huesos, al son de una melodía sempiterna,
que me envuelve en una fiebre demente e interminable

Y así, sonriendo, confirmo la peor de mis sospechas:
he de arder por eones, hasta el otoño de los tiempos,
rostizándome hasta que sus lentas arenas dejen de caer,
y así soñar despierto esta ardiente agonía color carmesí…

¡Apagaros entonces, astro rey! ¡Apagaros y duerme sin fin!
pues el mismo castigo que con sarcasmo me habéis otorgado,
ahora me condena a no cerrar mis ojos a perpetuidad,
a no soñar ni dormir, a convivir por siempre con las flamas.

Y es que así, escaldándome por siempre y sin cesar,
me he hecho inmune y a la vez, adicto a las llamas del infierno,
al calor sofocante, a mi piel chamuscada, carbonizada y lisiada;
al dolor, al sufrimiento y la frustración que antaño me asfixiaron…

jueves, 1 de julio de 2010

[IV]

Hacia allá volamos, navegando cirros y vendavales,
cabalgando sobre las entrañas mismas de la locura;
obsesionados, persiguimos aquella inalcanzable meta,
el edén de mis sueños, el ojo de nuestra tormenta.

Y aunque estemos viviendo bajo la espada de la deshonra
y los férreos grilletes del monótono e insulso día a día,
cuando la voluntad es de acero entonces no hay cadenas,
Ni calabozos ni mazmorras ni prisiones dignas de mi fuerza.

Yo soy nosotros en otra dimensión - en mis dominios -
donde soy tirano, héroe y villano; el oprimido y el opresor.
Es tan simple comprenderlo como difícil explicarlo;
Es tan simple como atreverse a gritar iracundo ¡Quiero despertar!

¡Despertar y bostezar con la libertad que mi corazón pide!
¡Huir de un letargo casi eterno en cronología cósmica!
Así daría rienda suelta a los sentidos y entonces, sentiría,
respiraría, contemplaría, probaría, oiría y por sobre todo, pensaría.

Este es mi mundo, imperfecto, imberbe y díscolo, pero mío;
es el espacio donde puedo destruir y destruirme como me dé la gana,
es un océano donde al sumergirte y ahogarte, disfrutas una cálida agonía,
libre de remordimientos, de preguntas y de fantasmas del pasado.

¿Y que hay de vuestro corazón, tan desprotegido y tan vacilante?
No me cabe la menor duda: Aunque anhelaras la emancipación,
la carencia de braveza y de confianza sólo te cohibiría más,
y contraería aún más tus ataduras, ya no férreas, sino, inmortales.

Así, desde mi nave yo observaré decepcionado - pero en silencio -
cómo el espiral de dejación, flojedad y falta de convicción,
acaba por ejecutarte en una plaza pública, frente a tus iguales:
chusma sin virtud; ciegos, sordos y mudos, al servicio de otro igual.

Y en tu paso de la muerte en vida, a la muerte real,
yo espectaré desde lejos y carcajeando, mas con un nudo en la garganta.
Así me doy cuenta de que somos iguales; no uno mejor que el otro,
Y que tal como me burlé de vuestra modorra, ésta se burló de mí.

sábado, 26 de junio de 2010

[III]

Una terrible inquietud draga cada gota de mi tranquilidad,
me desespera, me vuelve loco y me incita a lo extremo.
Las ideas se me acaban y lentamente se nublan mis opciones,
lo que sólo me guía a las paradojas más absurdas.

Me doy vuelta en necedades; me encierro en un mundo de nada,
una nada eterna y vacía, sin coyunturas y carente de sentido;
un huracán de frustraciones que me enloquece, infecta y destruye,
sobrepasando mis límites de tolerancia y aniquilando mis sueños.

Entonces despierto y descubro que me aferré a vanas esperanzas;
y que por más que llore y ruegue a los cielos, las furias o lo que sea,
nada podrá ampararme ni menos darle sentido a lo que ocurre.
Mi pulso se agita. Estallo en lágrimas. Mas no puedo gritar.

Y es que aunque trate de olvidarlo, todo me lleva a ese momento;
aquel momento en que vi mis ensueños crujir como hojas secas;
el día en que mi corazón se fragmentó en mil partes inertes;
las horas y minutos más largos de mi aún diminuta existencia.

Ya no quiero ver, oír o hablar; no quiero lástima ni compasión;
no quiero razones o sinrazones ni explicaciones ni revelaciones.
En este instante sólo veo una opción que jamás pensé, elegiría.
Lo hago sin dudarlo más, sin vacilaciones o arrepentimientos.

Así, lenta y tranquilamente, el letargo comienza a apoderarse de mí,
debilitando uno a uno mis miembros, mis sentidos y pensamientos.
Ahora, aunque quisiera mirar atrás y retroceder, no tendría razón.
¿Habré optado bien? Es quizás tarde para buscar una respuesta.

Todo comienza a nublarse, obscurecerse, y romper en silencio.
Una larga agonía casi adictiva, aunque cruda e insípida, me sofoca.
Sin embargo, aún los recuerdos me agobian, como fantasmas,
y me persiguen hasta en mi ocaso, haciendo más grande el dolor.

Pero aún no veo la luz ni el final del túnel ni las puertas de oro.
El poder del lucero esmeralda no fue más que una mera ilusión.
No veo ni el resplandor ni las líneas del tranvía ni las llaves doradas,
sólo veo mi caída, mi derrota y el deceso de un alma moribunda…

sábado, 12 de junio de 2010

[II]

Levántate, y observa el semblante de este otoño,
Colorido, pero anunciando el invierno que se acerca.
Respira, y descubre que estás vivo, como todo,
Todo aquello que te rodea, y día a día pierde brillo.

En el aire se respira aún esa tibia brisa estival,
Remanentes de una época que hoy se niega a morir;
O más bien, de una época que yace muerta y olvidada,
Pero que aún se niega a aceptar que su llama se apagó.

Quisiera cabalgar sobre tormentas de locura y demencia,
Y expresar, frenético, todo lo que siento y pienso,
Todo aquello que en su momento callé, como un esclavo,
Sometido a la tiranía del silencio, un hábito de sumisión.

Entonces descubriríais quien perdió más en realidad:
Quién optó por el sendero de tierra, y no por el escarpado.
Y aunque ahora sea yo quien se ahoga en mares de congoja,
La vida es sabia, y al final siempre cosechas lo que labras.

Aún sabiendo esto, la cicatriz en mi alma nunca cerrará,
Pues aunque te vea arrastrándote de dolor en el piso,
O muriendo de pena, o ahogada en mares de llantos,
Tu mirada me asesinará, una vez más, como siempre lo hizo…

Si tan sólo pudiera darle la vuelta a la página sin titubear,
Si tan sólo pudiera escribir el epílogo de esta mala novela,
Todo sería tan distinto, tan alegre, placentero y vivo…
Mas mi cobardía y debilidad aún me frenan y dilatan el dolor…

domingo, 23 de mayo de 2010

[I]

¿De qué me sirve escribir tanta engorrosa porquería junta?
¿De qué me sirve tanto léxico elevado, tanta palabra bella?
porque honesta y sinceramente, creo, para nada,
pues no existe verso en este mundo capaz de aliviarme…

Y es que mi vida yace hoy en la desgracia y el oprobio;
la deshonra y la indiferencia; la negación, la mentira y la evasión.
La cobardía es, sin embargo, mi más grande madriguera,
pues aún sumido en este vórtice, soy incapaz de acabar con el dolor…

Por más que rezo a los cielos, esto no parece acabar; por el contrario,
crece cada día, junto a mi frustración, y mis ansias de desaparecer.
Ya no queda mucho para mí en este lugar, y quizá en ningún otro,
ya nada me importa, por lo demás, ya nada me ata a existir…

¿Dónde está la redención que tanto anhelo, la tranquilidad que merezco?
pues maldita sea, no la encuentro, ni mucho menos un rastro de ella.
Mi alma se pudre, decae a cada instante, y no le veo buen futuro,
pues si aún la conservo, ha de estar moribunda, ulcerada, agónica, vacía…

Quisiera morir, entonces, y olvidar todas estas vanas cavilaciones,
morir y olvidar, y quizás, renacer, con una segunda oportunidad,
en otro lugar y en otro momento, con la mente casta y apática,
donde nunca crezca, donde sea un niño por toda la eternidad…

Y es que ahora, en este instante, podría estar feliz a tu lado,
como el niño incauto y despreocupado que con afán deseo ser.
Más mi existencia es tan cruda como sarcástica, incluso cruel,
y por más que corro hacia ti, tu corazón se aleja, raudo como el rayo…

Cada segundo que pasa es un martirio, es asfixia inducida,
Es como si exprimieran cada pedacito de vida que hay en mí.
No hay droga en esta tierra capaz de suprimir mis pensamientos,
No hay nepente en las alturas que apacigüen esta, mi anadipsia…

¿Es este, tan bochornoso y taciturno, mi epitafio, mi final?
Pues aunque así lo quisiera, tan sádico e ingrato es mi destino,
que al parecer, aún me depara tropiezos, lágrimas y lamentos,
y que al parecer, sobre mis llagas he de reptar, morir y menguar…