Levántate, y observa el semblante de este otoño,
Colorido, pero anunciando el invierno que se acerca.
Respira, y descubre que estás vivo, como todo,
Todo aquello que te rodea, y día a día pierde brillo.
En el aire se respira aún esa tibia brisa estival,
Remanentes de una época que hoy se niega a morir;
O más bien, de una época que yace muerta y olvidada,
Pero que aún se niega a aceptar que su llama se apagó.
Quisiera cabalgar sobre tormentas de locura y demencia,
Y expresar, frenético, todo lo que siento y pienso,
Todo aquello que en su momento callé, como un esclavo,
Sometido a la tiranía del silencio, un hábito de sumisión.
Entonces descubriríais quien perdió más en realidad:
Quién optó por el sendero de tierra, y no por el escarpado.
Y aunque ahora sea yo quien se ahoga en mares de congoja,
La vida es sabia, y al final siempre cosechas lo que labras.
Aún sabiendo esto, la cicatriz en mi alma nunca cerrará,
Pues aunque te vea arrastrándote de dolor en el piso,
O muriendo de pena, o ahogada en mares de llantos,
Tu mirada me asesinará, una vez más, como siempre lo hizo…
Si tan sólo pudiera darle la vuelta a la página sin titubear,
Si tan sólo pudiera escribir el epílogo de esta mala novela,
Todo sería tan distinto, tan alegre, placentero y vivo…
Mas mi cobardía y debilidad aún me frenan y dilatan el dolor…
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